Cuna del Azúcar: La industrialización, y el Ingenio.
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La génesis industrial de La Romana es inseparable de la saturación productiva en Puerto Rico a principios del siglo XX. La South Porto Rico Sugar Company (SPRSC), que ya operaba con un éxito masivo el Guánica Centrale en Ensenada —en su momento uno de los ingenios más grandes del mundo—, se enfrentó a los límites físicos de la geografía puertorriqueña. La necesidad de expansión llevó a la compañía a explorar la República Dominicana, un país que para 1910 ofrecía una estabilidad política relativa y vastas extensiones de tierra virgen a costos significativamente menores que en la vecina isla de San Juan Bautista. El año 1911 marca el hito fundamental: la promulgación de la Ley de Franquicias Agrícolas, un marco legal diseñado por los propios abogados de la SPRSC y adoptado por el gobierno dominicano, que permitió la entrada masiva de capital extranjero y la consolidación de latifundios azucareros.
En este contexto de expansión agresiva, el sector costero de La Romana, específicamente en la Punta de Santa Catalina, comenzó a ser conocido en los mapas antiguos y en la jerga marinera como "El Papagayo". Esta ubicación no solo era estratégica por su calado natural para el atraque de barcos, sino que se convirtió en la marca de origen de una producción que buscaba la excelencia. El "Azúcar Papagayo" no fue solo un producto, sino el símbolo de una era donde la melaza dominicana era el alma que alimentaba las calderas de los ingenios puertorriqueños. Durante la fase inicial, entre 1913 y 1917, Central Romana funcionó meramente como una estación de acopio y embarque; la caña era cortada en suelo dominicano y enviada en vapores a través del canal para ser procesada en Guánica, Puerto Rico.
La industrialización trajo consigo el capitalismo moderno a la República Dominicana, transformando un mercantilismo simple en una estructura agroindustrial compleja. La llegada de maquinaria pesada, la construcción de redes ferroviarias que conectaban los campos con el puerto de "El Papagayo" y la introducción de motores de vapor marcaron el fin de la era de los trapiches artesanales. Central Romana se consolidó rápidamente no solo como un ingenio, sino como una entidad que dominaba el paisaje económico nacional, representando para la década de 1920 aproximadamente el 20% de la producción total de azúcar del país y poseyendo una de las infraestructuras portuarias más eficientes del Caribe. Esta fase de "colonia agrícola" de Puerto Rico terminó en 1917, cuando el volumen de producción superó la capacidad de procesamiento de Guánica, obligando a la construcción del propio ingenio en La Romana.



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